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Examen Ignaciano

Esta oración no requiere ninguna habilidad especial. Puedes rezarla estés donde estés. Es una de las oraciones más apreciadas de nuestra congregación.

Esta oración es nuestra práctica diaria

El examen ignaciano es una oración breve y estructurada que se realiza al final del día, ideada por San Ignacio de Loyola en el siglo XVI. Invita a quien reza a repasar las últimas horas con honestidad y gratitud, prestando atención a los momentos en los que Dios estuvo presente —y a aquellos en los que se echó en falta su presencia—. La oración no suele durar más de diez o quince minutos. Los principiantes pueden empezar con cinco minutos al día. Ignacio la consideraba tan esencial que instaba a sus compañeros a no saltársela nunca, aunque tuvieran que dejar de lado todas las demás oraciones. Es, en su forma más sencilla, una conversación con Dios sobre lo que realmente ha sucedido hoy.

Para las hermanas de la Congregatio Jesu, el Examen no es simplemente una oración más entre muchas: es un elemento central de nuestra identidad espiritual.

Mary Ward fundó la CJ sobre la base de los principios ignacianos, adoptando la espiritualidad de la Compañía de Jesús para las mujeres que viven y trabajan activamente en el mundo.

Dado que nos dedicamos a la educación, la justicia social, la atención pastoral y muchas otras misiones y ministerios, el Examen nos ayuda a encontrar a Dios no alejándonos del mundo, sino en medio de él. Vincula nuestras acciones cotidianas —una conversación con un alumno, una decisión difícil, un momento de alegría— directamente con nuestra relación con Dios.

Por eso, el Examen sigue siendo una práctica viva en las comunidades de las Hermanas de la Caridad de todo el mundo. Fomenta los valores que Mary Ward tanto apreciaba:

  • la sinceridad, porque exige una reflexión honesta sobre uno mismo;
  • la libertad, porque nos libera del yugo del miedo y del apego;
  • la justicia, porque nos invita a mirarnos con honestidad a nosotros mismos y a nuestras relaciones con los demás;
  • y la felicidad, porque entrena al corazón para percibir la gracia incluso en los días difíciles.

Ya sea que se rece de forma individual o en comunidad, el Examen mantiene la oración arraigada en la convicción de que Dios está presente en todas las cosas, y de que cada día, por ordinario que sea, merece ser objeto de atención en la oración.

Cómo rezar el examen ignaciano

El Examen se desarrolla en cinco sencillos pasos.

  1. Entra en silencio:
    Siéntate. Respira. Enciende una vela si te apetece. Sitúate en la presencia de Dios, no con esfuerzo, sino con permiso. No tienes que hacer nada especial. Simplemente, estate aquí.

  2. Repasa tu día con gratitud:
    Echa la vista atrás a tu día. ¿Por qué cosas estás agradecido? Puede ser algo insignificante: un buen café, una palabra amable, un momento de sol. La gratitud es la forma en que empezamos a ver a Dios en la vida cotidiana.

  3. Repasa todo tu día:
    Deja que tu día se reproduzca como una película. No juzgues, solo observa. ¿En qué momentos te sentiste vivo, con energía, conectado? ¿En qué momentos te sentiste agotado, ansioso, cerrado? Estos sentimientos son datos, no problemas. ¿Qué momento destaca de hoy?

  4. Sé sincero:
    ¿Hubo algún momento que preferirías olvidar? ¿Una palabra dura, una oportunidad perdida, un sentimiento de culpa? Llévaselo a Dios, no para que te castigue, sino para que te acoja. Ignacio llamaba a esto «pedir luz»: el valor para ver con claridad.

  5. Mira hacia adelante:
    Mira con delicadeza hacia el mañana. ¿Qué te espera? ¿Qué necesitas? Pídele a Dios una cosa: paciencia, valor, alegría, descanso…

    Termina con una sencilla oración: el Padrenuestro, unas palabras de agradecimiento o simplemente el silencio.

Con el tiempo, el Examen agudiza nuestra capacidad para discernir la voz de Dios en nuestra vida cotidiana.

Nuestro vídeo te anima a rezar tú mismo el Examen:

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