Hna. María Antonia Minig CJ:
En el año 1982, una congregación religiosa femenina me sugirió buscar asesoramiento espiritual para nuestra Región Argentina naciente; así me contacté con el padre Jorge Mario Bergoglio S.J., que en ese momento era Rector del Colegio Máximo en San Miguel, el aceptó y nos acompañó en nuestra primera Congregación Regional. Para ésta ocasión escribió tres artículos sobre Mary Ward y la espiritualidad ignaciana, para tres días de Ejercicios Espirituales y reflexión (los cuáles fueron publicados más tarde en su libro Reflexiones Espirituales).
Para mí personalmente, fue un referente espiritual importante en mi vida y en el caminar de la porción Argentina del Instituto en sus comienzos; gracias a él profundizamos nuestro carisma ignaciano y desde allí, realizamos juntas los Ejercicios Espirituales anuales, lo cual marcó a la Región Argentina.
Él, siempre que podía nos visitaba en Plátanos (Provincia de Buenos Aires), por ejemplo, para Misas de Navidad y Pascua, y en otras tantas ocasiones, y hacía acompañamiento espiritual de las hermanas que lo requerían; varias veces nos dio Ejercicios Espirituales de tres u ocho días y a alguna los Ejercicios de treinta días. También lo visitábamos regularmente en el Maximo para acompañamiento.
En muchas ocasiones, sobre todo siendo ya obispo, vino a solicitarnos que rezáramos por él. Varias veces lo visité en la Curia de Buenos Aires, y podría decir que lo fundamental que he recibido de él fue su acompañamiento espiritual y la ayuda del discernimiento en mi vida.
Una de las anécdotas que recuerdo fue aquella que me dijo: “Yo quiero reparar el daño que muchos jesuitas hicieron en su tiempo a Mary Ward, al no ayudarla en la fundación de la congregación”
Hna Tereza de Jesús Fruto
Lo recuerdo como una persona cercana, muy sencillo. Tenía una sensibilidad especial para venir a Plátanos, recuerdo que muchas veces, con su sentido del humor nos decía: “yo vengo por las Hermanas húngaras, no por uds.” (había 12 hermanas húngaras aquí, y él tenía una debilidad por su historia de refugiadas en Argentina). Era muy “gaucho”; cuando venía a Plátanos siempre pasaba por la cocina y saludaba a las empleadas y tenía mucha afinidad con el chofer de la casa, que las hermanas húngaras ponían a su disposición para regresar a Capital Federal; porque solía venir en tren hasta Plátanos.
Lo recuerdo como una persona de Dios y que ayudaba mucho sobre todo en el discernimiento.
Hna Liliana Raquel Castro CJ
Personalmente lo conocí cuando nos dio ocho días de Ejercicios Espirituales, en mi segundo año de noviciado, y sus primeras palabras (irónicamente) al hablar el primer día fueron: “Oh, nunca vi una novicia con sentido común”, porque él esperaba que alguna de las que hacíamos Ejercicios fuera a conversar con él. La verdad es que tengo que agradecerle mucho, ya que si bien era exigente y tuve algunos enojos con él; a lo largo de mi vida he valorado y capitalizado lo que me brindó acerca de mi conocimiento personal y de la espiritualidad ignaciana y el discernimiento.
Lo definiría en tres palabras: un líder, un reformador, y un comprometido con la humanidad y nuestra casa común.
