EL PAPA EN BARCELONA
Cuando recibí la invitación a participar en la vigilia de oración y en la misa en la Sagrada Familia con el Papa, sentí un gran deseo de rezar con todos, como Iglesia que camina en Barcelona y la CJ con ella.
En la vigilia, todo el conjunto de la oración fue impactante, pero para mí, uno de los momentos más emotivos fue cuando entraba en el estadio una réplica del Cristo de Gaudí de la Sagrada Familia, portado por diferentes personas y entre ellas, las que habían compartido, ante más de 40.000 personas, su testimonio de vidas rotas, sumidas en el “sinsentido” y su transformación después del encuentro personal con Cristo. Durante el traslado, el canto repetía: … “Hoy levanto el corazón al que lo conquistó, simplemente porque Tú eres Dios, … Que Tú seas siempre lo primero…, Fijo mi mirada en el cielo…, Tú eres el único Rey que tiene que reinar…”
Viendo a estos jóvenes con qué alegría y emoción acompañaban a Cristo, sentía un deseo profundo de querer yo también sentirme transformada por Cristo, para ser testigo de su amor.
Y en la basílica de la Sagrada Familia, ya el solo hecho de poder estar allí, para mí fue un verdadero regalo de Dios. El templo, con la luz y su reflejo que lo invadía todo, la música, el canto… hacía sentir al Dios de la Belleza, presente a través de la obra de un arquitecto que se deja “construir” por Dios, a la vez que él construye el templo de la Sagrada Familia.
La homilía del Papa invitaba a una renovación espiritual profunda que tenga a Cristo como fundamento. Hizo referencia a las piedras vivas que somos en la Iglesia. También se refirió al templo “no como una obra inacabada sino como un templo en construcción, que recuerda cómo la vida cristiana es un camino, porque es un proyecto que Dios lleva a cabo.
Deseo que estas palabras resuenen en nosotras con fuerza: “Mientras alzamos la mirada hacia Él, el Crucificado Resucitado, comprometámonos a levantar el rostro de quienes yacen en el polvo. Y demostremos así que la Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en esta tierra de Cataluña, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo. ¡Que Dios sea bendito por siempre!”
Siento que sus palabras, en los todos los lugares donde estuvo, son una verdadera LUZ en el camino, que invitan a “alzar la mirada” y contemplar a Cristo que asume todas nuestras debilidades para sanarlas. Y la CJ invitada a participar en esta MISIÓN.
Para el momento de la inauguración de la Torre de Cristo, con el espectáculo de luz y sonido, no hay palabras para describirlo. Hay que revivirlo una y otra vez para, poco a poco, ir captando su verdadero sentido.
>> Así fue la espectacular inauguración de la torre de Jesús de la Sagrada Familia de Barcelona
ESPAÑA BAJO EL ABRAZO DEL PAPA.
Madrid como anfitriona, un recuerdo que aún palpita
Hay visitas que no se miden por el tiempo que duran, sino por la huella que dejan en el alma. Aquellos días, Madrid no fue solo el escenario: fue el corazón de una gran familia que se reunió para celebrar su fe. Si bien nuestra Iglesia de Madrid tuvo la alegría de ejercer como anfitriona, lo cierto es que todas las diócesis de España se volcaron en un abrazo común. Cada rincón del país estuvo presente en aquel encuentro, y cada cristiano español desde el norte hasta el sur, sintió que era también su casa la que recibía al Santo Padre, unidos en un mismo espíritu, una misma oración y alegría.
Como un eco que todavía nos acompaña, recordamos aquella invitación que se convirtió en lema:
Alzo la mirada Mis ojos en Jesús
Alzo la mirada Clavada en la cruz
Cuando miro al cielo todo es nuevo con su luz
Alzo la mirada
La ternura en la periferia. Todo comenzó con un gesto que definía el tono de la visita: la mirada puesta en quien más lo necesita. En la Calle Cullera, el Papa Francisco visitó el Centro CEDIA. Allí, en la sencillez del barrio, lejos de las luces de los grandes escenarios, el Santo Padre nos recordó que el corazón de la Iglesia late donde hay fragilidad y esperanza. Fue un encuentro de cercanía, de manos estrechadas y de esa ternura que desarma, recordándonos que nadie debe quedar atrás.
Por los que buscan la paz Y la libertad
Para que encuentren en tus ojos Dónde descansar
Por los que cruzan el mar
Buscando un hogar
Para que vean más allá
De la tempestad
La Vigilia de los Jóvenes. ¿Cómo olvidar aquella noche? La juventud se adueñó de las calles, una marea de voces, guitarras y rostros llenos de ilusión. Entre esa multitud, brillaba con luz propia la Fundación Educativa Mary Ward. Ver a tantos alumnos llegados de todos los rincones de España fue una lección viva de unidad. Jóvenes que, con su alegría, desafiaron el cansancio y el calor, demostrando que la fe no es algo del pasado, sino un proyecto compartido que se construye con fuerza y una sonrisa en los labios. Fue el momento de sentir, con más fuerza que nunca:
El Señor es mi fuerza Y mi esperanza | No vacilaré (Alzo la mirada) | Él es la roca De la salvación | En Él confío Y no tiemblo | En Él confío Y no tiemblo
El centro de Madrid, en la Plaza de Cibeles, se convirtió en un altar bajo el cielo de España. La Eucaristía allí celebrada nos regaló una imagen difícil de borrar: una ciudad en oración, un silencio impresionante en medio del bullicio habitual. Fue el momento en que Madrid se detuvo para reconocer su centro, para agradecer y para renovar fuerzas.
No estoy hecho Para mirar al suelo | l mirarte Sé por qué nací | Me creaste Para mirar al cielo | Estoy inquieto hasta | que no descanse en ti
Y, como broche de oro, el Bernabéu. Aquel encuentro fue el grito entusiasta de gente de todas las edades, que se sentía escuchada y alentada. En el estadio, el eco de las palabras del Papa resonó no solo en las gradas, sino en el proyecto de vida de cada uno de los allí presentes. Fue la confirmación de que, incluso en un mundo complejo, es posible caminar juntos, haciendo nuestra aquella promesa:
Alzo la mirada Mis ojos en Jesús | Alzo la mirada Clavada en la cruz | Cuando miro al cielo todo es nuevo con su luz | Alzo la mirada
Más que una visita. Hoy, al mirar atrás, más allá de los dispositivos de seguridad o la logística, lo que permanece es el sentimiento. Madrid cambió por unos días, no solo por la presencia de una figura pública, sino por la invitación a mirar al hermano, a vivir con esperanza y a celebrar la fe con libertad. Aquellos días nos dejaron una lección sencilla, pero profunda: la importancia de acompañarnos, de estar cerca y de caminar siempre, paso a paso, con el corazón encendido.
CANARIAS, LA ISLA QUE ABRAZÓ AL MUNDO:
CRÓNICA DE UN VIAJE INOLVIDABLE
Las campanas de nuestras iglesias aún resuenan con un eco distinto, más profundo, más lleno de esperanza. Hace apenas un par de semanas, el archipiélago canario dejó de ser, por un instante, un simple punto en el mapa atlántico para convertirse en el epicentro de la fraternidad humana. La visita del Papa León XIV a Canarias, los pasados 11 y 12 de junio, no fue solo un acontecimiento institucional; fue un abrazo sanador para una tierra que, a menudo, se siente náufraga entre la inmensidad del océano y la complejidad de las fronteras.
En el puerto de Arguineguín, allí donde tantas veces hemos visto llegar la angustia y el agotamiento, vimos por primera vez una mirada distinta. El Papa no solo escuchó los relatos del dolor migratorio; los hizo suyos. Al ver al Pontífice caminar entre aquellos que han desafiado a la muerte para alcanzar un horizonte más digno, Canarias comprendió que su sufrimiento no era invisible. Fue un momento de un humanismo descarnado, donde la política cedió paso al corazón.
Las imágenes de las plazas abarrotadas en Las Palmas de Gran Canaria y en La Laguna quedarán grabadas en nuestra memoria colectiva no por la magnitud de la multitud, sino por el silencio respetuoso que precedía a cada una de sus palabras. «Ciudad sin murallas», definió el Papa a nuestro archipiélago.
Esa frase, lanzada bajo el cielo tinerfeño, nos recordó lo que a veces olvidamos: que nuestra verdadera grandeza no reside en los volcanes que nos formaron, ni en el sol que nos baña, sino en nuestra capacidad histórica de ser puente, de ser hospitalarios, de ser, en definitiva, hogar para el que llega.
Hubo una emoción tangible en el aire. Desde los mayores que esperaron horas bajo el sol con sus rosarios entre las manos, hasta los jóvenes que, quizás alejados de la fe, se sintieron conmovidos por el mensaje de unidad. Durante esas 36 horas, el ruido de la crispación que a menudo domina el debate sobre nuestra realidad social se apagó, sustituido por una pausa de reflexión, de caridad y de encuentro.
Hoy, cuando el bullicio de los preparativos ha cesado y las banderas han sido retiradas, queda algo más valioso que el recuerdo del evento: queda el espejo en el que nos miramos. El Papa León XIV se fue, pero nos dejó un desafío. Nos recordó que la hospitalidad es el idioma universal de las islas. Canarias ya no es la misma después de aquel junio; es una tierra que, tras sentirse escuchada y comprendida, se siente más fuerte para seguir siendo, contra viento y marea, un refugio de humanidad en mitad del Atlántico.
Esther Villaoz y Amparo Martinez
